

El término “mundo profano”, en el lenguaje de la Francmasonería, constituye una noción fundamental que, lejos de toda interpretación peyorativa, responde a una estructura simbólica precisa y a una finalidad pedagógica claramente definida. Su comprensión adecuada resulta indispensable para todo iniciado que aspire a situar correctamente su trabajo dentro del marco de la tradición. Desde el punto de vista etimológico, la palabra “profano” procede del latín profanus, derivado de pro (delante) y fanum (templo), es decir, “lo que está fuera del templo”.1 Esta definición, recogida en fuentes lexicográficas académicas, establece con claridad que el término no implica degradación ni juicio moral alguno, sino simplemente una delimitación espacial y simbólica entre lo interior y lo exterior. En el contexto masónico, el mundo profano designa el ámbito de la vida ordinaria: el espacio donde el individuo se desenvuelve en medio de responsabilidades, relaciones, intereses y tensiones propias de la existencia social. Es el terreno de la acción humana no iniciada, donde predominan —no por defecto moral, sino por condición natural— las influencias del entorno, la inmediatez de las necesidades y la diversidad de pasiones...
Análisis comparativo del artículo 1 de la Constitución de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones de 30 de agosto 1874 y su versión vigente de 2021. Parte II LA INMORTALIDAD DEL ALMA Continuando con la 2a parte de la presente plancha, en ella se encuentra el desarrollo del tercer principio establecido en el art. 1 de la Constitución de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones de 1874: La inmortalidad del alma. La inmortalidad del alma se encuentra estrechamente vinculada al principio de la existencia de Dios como Gran Arquitecto del Universo. Pues bien, la institución Francmasónica que se ajusta a las tres (3) grandes luces de la Francmasonería: la escuadra, el compás, y el Volumen de la Ley Sagrada, y la Regla de los doce (12) puntos establecida por la Gran Logia de Inglaterra de 1929, al respecto, se acostumbra a expresar que los hermanos que mueren parten al Oriente Eterno, ante lo cual merece preguntarse, ¿Qué es el oriente eterno?..
Hay afirmaciones que parecen sencillas hasta que las dirigimos hacia nosotros mismos. Creer no es saber es una de ellas. Todos poseemos convicciones. Algunas proceden de nuestra educación, otras de nuestrasexperiencias, de la tradición, de personas cuya autoridad respetamos o simplemente de ideas que hemos escuchado tantas veces que terminamos aceptándolas como ciertas. El problema no está necesariamente en creer. El problema comienza cuando dejamos de distinguir entre aquello que creemos y aquello que realmente sabemos. Por eso, quizá debamos formularnos una pregunta incómoda: ¿Cuántas de las cosas que afirmamos saber son, en realidad, cosas que simplemente creemos? Una convicción puede ser sincera y estar equivocada. Puede ser antigua y no por eso ser verdadera. Puede ser compartida por muchas personas y continuar necesitando fundamento. La intensidad con que defendemos una idea no demuestra su verdad...
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